
Parte de lo que hemos comido ya ha atravesado la pared intestinal. Es decir, ya no estaba simplemente dentro del aparato digestivo: había entrado realmente en el organismo.
Y aquí es fácil imaginar que lo siguiente es bastante simple.
Entra.
Se convierte en energía.
Y listo.
Pero el cuerpo no funciona como una estufa en la que todo lo que llega termina ardiendo.
Se parece más a un lugar en el que siempre hay varias tareas en marcha a la vez.
Hace falta energía, claro.
Pero también materiales para mantener tejidos, componentes que ayuden a coordinar procesos, reservas para más adelante y mecanismos para transformar o eliminar lo que sobra o ya no sirve.
Comer alimentos no es lo mismo que disponer de nutrientes
Esto parece obvio, pero conviene detenerse un momento.
Una manzana, un huevo o un plato de lentejas son alimentos.
Dentro de ellos hay componentes que el organismo puede aprovechar. A eso es a lo que llamamos nutrientes.
La diferencia ayuda bastante a ordenar el recorrido.
Primero está el alimento.
Después llega la digestión, que lo desmonta y prepara.
Luego la absorción, que permite que parte de lo obtenido entre realmente en el organismo.
Más tarde, el transporte.
Y solo entonces hablamos de utilización.
Dicho de forma muy simple:
alimento → digestión → absorción → transporte → utilización

El alimento es el conjunto; los nutrientes son algunos de los componentes que contiene.
Esto también evita una simplificación muy común.
No hay alimentos que se conviertan directamente en “músculo”, “energía”, “defensas” o “salud”.
Hay alimentos que contienen componentes que el cuerpo puede utilizar dentro de procesos bastante más amplios.
Parte de lo absorbido puede servir como energía
La energía es uno de los destinos importantes de lo que absorbemos.
La necesitamos para movernos, mantener la temperatura, hacer circular la sangre, transmitir señales, sostener el trabajo de los órganos y mantener la actividad de las células incluso cuando estamos quietos o dormidos.
Buena parte de los hidratos de carbono y las grasas puede utilizarse con este fin.
Las proteínas también pueden llegar a participar en el aporte energético, aunque no son solo eso ni conviene pensarlas principalmente de esa manera.
Ahora bien: quedarse solo con la idea de energía se queda corto.
Porque el cuerpo no necesita únicamente combustible.
Necesita también los medios para utilizarlo y sostener todo lo demás.
El organismo también construye y repara continuamente
No somos una estructura terminada a la que solo haya que ir echándole energía de vez en cuando.
Los tejidos se renuevan.
Hay desgaste.
Se sustituyen componentes.
Se reparan pequeños daños.
Y algunas estructuras se mantienen gracias a que el organismo dispone de materiales suficientes.
Los componentes procedentes de las proteínas pueden participar de forma destacada en estas tareas, pero no están solos.
Las grasas también forman parte de estructuras y participan en distintos procesos. Algunos minerales aportan estructura y también intervienen en funciones muy distintas entre sí.
Podemos imaginar una especie de taller que nunca cierra del todo.
Mientras sigue funcionando, va reparando, renovando y reorganizando partes de sí mismo.

El cuerpo necesita combustible, materiales y pequeñas piezas que permitan coordinar el trabajo.
Y aquí conviene otra precaución.
No hace falta asignar a cada nutriente una sola tarea, como si tuviera una etiqueta fija.
Dentro del cuerpo, muchas funciones se relacionan y una misma sustancia puede participar en más de un proceso.
Algunas cosas no aportan energía, pero sin ellas el trabajo no sale adelante
Si seguimos con la idea del taller, no todo son materiales de construcción ni combustible.
También hacen falta herramientas, conexiones y mecanismos que permitan que todo funcione con cierta coordinación.
Ahí encajan bastante bien muchas vitaminas y minerales.
No proporcionan energía de la misma forma que otros componentes, pero ayudan a que multitud de procesos puedan producirse con normalidad.
Participan en reacciones, intervienen en tareas de regulación y hacen posible que el organismo utilice bien lo que tiene disponible.
El agua también merece salir de la categoría de “acompañamiento”.
Forma parte de los tejidos y de los líquidos corporales, ayuda a transportar sustancias y permite que muchas transformaciones puedan producirse.
Todo esto recuerda algo importante: la nutrición funciona como un conjunto.
Separar nutrientes ayuda a estudiarlos.
Dentro del cuerpo, en cambio, sus funciones no aparecen tan separadas.
Guardar parte de lo recibido forma parte de la normalidad
No todo lo absorbido tiene que utilizarse en ese mismo instante.
Y eso no es un fallo.
Es una ventaja.
El organismo puede guardar parte de lo que recibe para disponer de ello más adelante. Así no depende de que cada comida llegue justo en la cantidad exacta y en el momento exacto.
Podemos pensar en una despensa.
Tener reservas no significa que algo haya salido mal. Significa precisamente que existe una manera de sostener el funcionamiento entre comidas, durante la noche o cuando cambian las necesidades.

Las reservas permiten mantener recursos disponibles cuando no están llegando en ese momento.
Otra cuestión diferente es que esas reservas aumenten o disminuyan de forma mantenida a lo largo del tiempo.
Pero eso ya no se explica por un alimento aislado ni por una sola comida.
Ahí entran en juego muchos factores: la cantidad total, la actividad, el descanso, el estado general del organismo, la edad, la medicación y otras circunstancias.
El cuerpo también transforma, reutiliza y elimina
La historia no termina en usar o guardar.
El organismo transforma unas sustancias en otras cuando puede y lo necesita.
Reutiliza componentes procedentes de estructuras que se renuevan.
Y también tiene que gestionar lo que sobra, lo que ya no sirve o lo que necesita convertirse en otra cosa para poder eliminarse.
No hace falta recorrer ahora todos los órganos que participan en ello.
Basta con mantener la idea general.
Nutrirse no consiste solo en introducir nutrientes en el cuerpo.
Consiste en tener un sistema capaz de recibirlos, repartirlos, utilizarlos, almacenarlos, transformarlos y gestionar lo que queda.
Entonces, ¿qué hace el cuerpo con lo que absorbe?
Hace varias cosas, no una sola.
Puede utilizar una parte para obtener energía.
Puede emplear otra para mantener, reparar o construir estructuras.
Puede apoyarse en algunos componentes para regular procesos y sostener el funcionamiento normal.
Puede guardar parte de lo recibido.
Y puede transformar o eliminar lo que ya no necesita conservar.
Eso cambia bastante la mirada.
Porque deja de parecer que comer es simplemente “quemar” lo que entra.
Y nos permite entender mejor por qué absorber algo no determina todavía su destino.
Lo único que determina es esto:
ya está disponible.
Lo que ocurra después dependerá del momento, de las necesidades del organismo y de cómo encaje ese componente dentro de un sistema mucho más amplio.
Fernando Picos
Comparto observaciones y aprendizajes sobre tecnología, funcionamiento, proyectos y vida cotidiana para entender mejor, decidir con más criterio y seguir participando en la vida.
