
Cuando comemos, la sensación puede ser bastante directa.
Damos un bocado, tragamos y aquello desaparece de la vista. Casi parece que ya ha entrado en el cuerpo y que, a partir de ahí, solo queda «aprovecharlo».
Pero no funciona así.
La comida puede estar dentro del aparato digestivo y no haberse incorporado todavía al organismo.
Esto puede sonar raro al principio, pero tiene bastante sentido.
Estar dentro no es lo mismo que haber entrado
Podemos imaginar el aparato digestivo como un recorrido interior que todavía mantiene una frontera con el resto del cuerpo.
La comida está dentro de nosotros en un sentido cotidiano, claro. La hemos tragado y recorre nuestro interior.
Pero todavía no forma parte del medio interno del organismo.
Para que eso ocurra, tiene que pasar algo más.
Primero hay que desmontarla. Después, parte de lo que se ha obtenido tendrá que cruzar la pared intestinal.
Hasta entonces, sigue estando en tránsito.
Primero desmontamos la comida
En la unidad anterior vimos que la digestión no consiste solo en llenar el estómago.
La comida se tritura, se mezcla, avanza y se transforma.
Eso es necesario porque los alimentos, tal como los reconocemos en el plato, son demasiado complejos para atravesar directamente la pared intestinal.
El cuerpo no puede incorporar un garbanzo, un trozo de huevo o una naranja entera.
Tiene que ir separando componentes mucho más pequeños.
La idea es sencilla.
No incorporamos «alimentos» tal como los vemos.
Incorporamos parte de lo que el organismo consigue obtener de ellos después de transformarlos.

La digestión transforma alimentos completos en componentes que el organismo puede manejar.
Por eso conviene mantener una primera diferencia clara:
comer no es incorporar.
Primero hay que preparar.
El intestino no deja pasar cualquier cosa
La mayor parte de esa incorporación ocurre en el intestino delgado.
Y aquí aparece una idea importante.
La pared intestinal no funciona como un colador abierto por el que pasa todo.
Es una frontera activa.
Permite el paso de determinadas sustancias y mantiene otras dentro del conducto digestivo.
A ese paso lo llamamos absorción.
No hace falta aprenderse nombres microscópicos para entenderlo.
La digestión deja la comida preparada en componentes más pequeños. Después, parte de esos componentes puede atravesar la pared intestinal y entrar realmente en el organismo.
Ahí está la diferencia que merece la pena no perder:
digerir significa preparar.
absorber significa dejar entrar.

Absorber es permitir que parte de lo obtenido atraviese la pared intestinal.
Esto también ayuda a entender algo que a veces se olvida.
Que un alimento contenga cierta cantidad de un nutriente no significa automáticamente que todo eso vaya a terminar disponible para el cuerpo.
Entre una cosa y otra hay un proceso.
Eso no quiere decir que debamos obsesionarnos con aprovechar cada bocado ni que la absorción normal sea un problema.
Solo significa que entre comer y disponer de ello hay pasos intermedios.
Cuando cruza la pared intestinal, empieza otra historia
Una vez que un componente atraviesa esa frontera, deja de formar parte del recorrido digestivo.
Ahora sí ha entrado realmente en el organismo.
Pero eso no significa que el viaje haya terminado.
Más bien significa que empieza otro.
Lo absorbido tiene que ser transportado.
Buena parte pasa a la sangre. Algunos componentes, sobre todo ciertos productos procedentes de las grasas, siguen primero otra vía de transporte antes de incorporarse también a la circulación general.
No hace falta entrar mucho más ahí.
Lo importante es quedarse con la idea general: una vez dentro, aquello que se ha absorbido tiene que circular.

Después de atravesar el intestino, comienza el transporte hacia diferentes lugares del cuerpo.
Y, además, no todo lo absorbido va a servir para lo mismo.
Unas cosas podrán utilizarse para obtener energía.
Otras participarán en tareas de construcción, mantenimiento o regulación.
Otras podrán transformarse, almacenarse o eliminarse más adelante.
Eso ya pertenece a la siguiente parte de la historia.
Por ahora basta con otra distinción sencilla:
absorber no es lo mismo que utilizar.
Lo que no cruza, sigue avanzando
No todo lo que llega al intestino delgado atraviesa su pared.
Parte del contenido se absorbe.
Otra parte continúa su recorrido dentro del aparato digestivo.
Más adelante todavía puede recuperarse agua y actuar las bacterias intestinales sobre algunos restos antes de que lo que no se ha incorporado termine eliminándose.
Esto nos recuerda algo bastante básico, pero útil.
El cuerpo no aprovecha la comida entera tal como entra.
La transforma, deja pasar una parte y conduce el resto hacia su salida.
Entonces, ¿cómo pasa la comida a formar parte de nosotros?
Podemos resumirlo sin complicarlo demasiado.
Primero comemos.
Después el aparato digestivo trabaja sobre esa comida para desmontarla y prepararla.
Más tarde, parte de lo obtenido cruza la pared intestinal.
Solo entonces empieza a formar parte real del organismo y puede ser transportado hacia distintos lugares.
Ese paso intermedio es el importante.
Porque evita mezclar tres cosas que no son iguales:
- comer;
- absorber;
- utilizar.
Cuando las confundimos, parece que todo sucede a la vez.
Y no.
Primero hay un recorrido digestivo.
Después una frontera.
Y solo entonces empieza la siguiente fase.
Ahí es donde el cuerpo tendrá que decidir qué hace con lo que ha recibido.
Fernando Picos
Comparto observaciones y aprendizajes sobre tecnología, funcionamiento, proyectos y vida cotidiana para entender mejor, decidir con más criterio y seguir participando en la vida.
