¿Por qué tengo ganas de comer si no tengo hambre?

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Has terminado de comer. No te apetece repetir, pero ves algo que te gusta y piensas que un poco sí te comerías. La pregunta sale sola: si ya estoy bien, ¿por qué quiero seguir?

Muchas veces buscamos la respuesta solo dentro del cuerpo, como si esas ganas tuvieran que indicar que falta algo. Pero también merece la pena mirar qué acaba de ocurrir alrededor: ha aparecido una comida, un olor o una situación conocida.

La relación entre esas señales y las ganas de comer se ha estudiado. Y conocer algo de ese trabajo ayuda a entender por qué la explicación del «depósito vacío» se queda corta.

Qué se ha observado al mostrar comida

En 2016, Rebecca Boswell y Hedy Kober publicaron en Obesity Reviews una revisión con metaanálisis: reunieron resultados de 45 trabajos, con 3.292 participantes, para estudiar si las respuestas ante señales de comida y el deseo de comer permitían anticipar la ingesta posterior y cambios de peso.

En conjunto encontraron una relación: una mayor respuesta a esas señales y un mayor deseo se asociaban con una mayor ingesta posterior y, en los estudios que evaluaban el peso, con su aumento. Entre las señales estudiadas había imágenes y vídeos de alimentos; no era imprescindible tener la comida al alcance de la mano. Puedes consultar la revisión de Boswell y Kober.

Eso da fundamento a una escena muy corriente: ver algo apetecible puede participar en las ganas de comer antes de probarlo. Pero el resultado no significa que cada imagen provoque una ingesta ni que todos respondamos igual. Se combinaron estudios con distintos diseños y medidas; no es una fórmula para predecir qué harás tú delante de un chocolate.

Lo interesante es que el entorno deja de ser un mero decorado. Forma parte de lo que necesitamos considerar.

Cómo una situación puede acabar despertando las ganas

Hay otra pregunta: ¿por qué a veces apetece comer sin tener ningún alimento delante?

Una revisión publicada en 2018 por Karolien van den Akker, Ghislaine Schyns y Anita Jansen recoge investigaciones sobre aprendizaje y señales alimentarias. Describe cómo estímulos asociados a comer pueden adquirir la capacidad de despertar deseo. Ese aprendizaje se ha observado tanto en el laboratorio como en situaciones de la vida cotidiana. La explicación y los estudios están recogidos en su revisión sobre aprendizaje y conducta alimentaria.

Pensemos en el café que suele ir acompañado de una galleta. Tras repetir esa combinación, el momento del café puede funcionar como una señal de lo que viene después. La investigación permite entender cómo puede construirse una asociación como esta. No permite concluir, solo por verte merendar, que estás comiendo por costumbre.

Además, haber aprendido una asociación no excluye tener hambre en ese momento. El café puede llegar justo una tarde en la que también llevas varias horas sin comer.

Eso no significa que ya sepamos por qué te pasa

Hay un salto que conviene evitar: pasar de «esto puede influir» a «ya sé por qué me pasa».

Imagina que llegas a casa después de un día complicado, has comido poco y encuentras algo que te encanta. ¿Qué explicación elegimos? Podríamos quedarnos con el hambre, con el día que has tenido o con la comida que acabas de ver. Pero elegir una no demuestra que las demás no participen.

Por eso me resulta poco útil convertir «hambre física» y «hambre emocional» en dos casillas donde tengamos que colocar cada episodio. Antes de ponerle nombre, prefiero preguntar qué sabemos de esa situación y qué estamos suponiendo.

Lo mismo ocurre con la falta de voluntad. «He visto algo y me ha apetecido» describe lo sucedido. «No tengo control» añade un juicio sobre uno mismo que esa escena, por sí sola, no justifica.

No hace falta buscar un conflicto detrás de cada trozo de tarta. Tampoco necesitamos una explicación única para cada vez que nos apetece comer.

Comprenderlo no obliga a corregirlo

De estas investigaciones no sale una orden sobre lo que debes hacer con el postre. Nos ayudan a comprender algunas influencias; la decisión cotidiana necesita su propio contexto.

Mi interés al traerlas aquí es que la pregunta no termine siempre en un reproche. Saber que existen respuestas a señales y asociaciones aprendidas permite considerar explicaciones más concretas que «soy un desastre con la comida».

Puedes reconocer una costumbre y querer conservarla. Puedes disfrutar de algo sin convertir ese momento en un examen. Observar tiene sentido cuando aclara, no cuando te obliga a vigilarte más.

Continuar en Sistema Funcional: ¿Cómo sabe el cuerpo cuándo necesita comer y cuánta energía tiene disponible?


Fernando Picos

Comparto observaciones y aprendizajes sobre tecnología, funcionamiento, proyectos y vida cotidiana para entender mejor, decidir con más criterio y seguir participando en la vida.

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